Este 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, una fecha para reflexionar sobre la lucha contra el racismo en todas sus formas y reafirmar el compromiso global con la igualdad, la justicia y los derechos humanos.
Más allá de lo que percibimos en la vida diaria, los medios o las redes sociales, los prejuicios y las desigualdades siguen presentes de manera silenciosa y estructurada, incluso en los entornos laborales. Identificarlos es apenas el comienzo; el verdadero cambio exige compromiso y acciones concretas que promuevan la inclusión y la equidad en los espacios donde convivimos
Orígenes e historia
La fecha del 21 de marzo recuerda los trágicos hechos ocurridos en Sharpeville, Sudáfrica, en 1960, cuando la policía abrió fuego contra una manifestación pacífica contra la ley de pases del apartheid, asesinando a 69 personas. Esta ley restringía la movilidad de ciudadanos negros, mestizos e indios y limitaba su acceso a espacios reservados para personas blancas, generando protestas pacíficas en todo el país.
Seis años después, en 1966, la Asamblea General de la ONU proclamó esta fecha como jornada global para combatir el racismo, promoviendo la solidaridad internacional y la creación de políticas de igualdad. Desde entonces, se han logrado avances importantes: el apartheid fue desmantelado y se estableció un marco internacional contra la discriminación, como la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (1965) y la Declaración y Programa de Acción de Durban (2001), que fomentan leyes, planes de acción e iniciativas globales.
A pesar de todos estos logros, el racismo persiste en múltiples ámbitos: comunidades, política, medios, deporte y espacios digitales, lo que evidencia la necesidad de mantener un compromiso activo para construir sociedades más justas e igualitarias.
Racismo en el ámbito laboral: cómo abordarlo
Desigualdades que pasan desapercibidas
El racismo en el ámbito empresarial no siempre se da de manera evidente o intencionada. Muchas veces se manifiesta a través de normas, prácticas o procesos que parecen neutrales, pero que generan desigualdad. Investigaciones varias muestran que las personas blancas tienden a subestimar la frecuencia de la discriminación, mientras que las personas racializadas conocen bien estas dinámicas y, en algunos casos, adaptan su comportamiento para mitigar sus efectos.
Procesos de selección y sesgos por nombres
Uno de los ejemplos más claros de discriminación laboral se encuentra en la selección de personal. Un estudio llevado a cabo por los economistas Marianne Bertrand y Sendhil Mullainathan reveló que las personas candidatas con nombres que suenan “blancos” (como Emily Walsh) recibían un 50% más de llamadas para entrevistas que candidatos igualmente cualificados con nombres que suenan “negros” (como Lakisha Washington). Según el equipo investigador, solo el hecho de tener un nombre blanco equivalía a ganar ocho años adicionales de experiencia laboral.
Además, otra investigación de Sonia Kang y su equipo en 2016, encontró que el 31% de profesionales negros y el 40% de profesionales asiáticos admitieron haber adaptado sus currículums, ya sea cambiando su nombre o eliminando experiencias que pudieran revelar su origen étnico, para aumentar sus oportunidades de ser contratados.
Estos hallazgos subrayan la importancia de implementar procesos de selección inclusivos, como currículums anónimos y criterios de evaluación estandarizados.
Cómo construir un entorno laboral justo
Para generar cambios duraderos, las empresas deben combinar conciencia, empatía y acciones concretas. Esto implica formar a toda la plantilla, revisar normas y políticas, garantizar que los procesos de selección y promoción sean justos y supervisar los avances de manera continua. La acción requiere compromiso, recursos y voluntad de toda la organización, no solo de la dirección.
10 acciones para reducir la discriminación racial en el entorno laboral
Según la organización TUC (Trades Union Congress), hay medidas concretas que las empresas pueden implementar para reducir la discriminación racial y fomentar un entorno laboral más justo e inclusivo. Aunque pueda parecer que los problemas de racismo son difíciles de abordar, pequeños cambios bien planificados pueden marcar una gran diferencia:
- Realizar un análisis de la plantilla
Recoger datos sobre el origen de las personas trabajadoras, sus puestos y tipos de contrato para detectar desigualdades. - Eliminar los contratos precarios
Garantizar condiciones laborales estables y justas para todas las personas. - Aplicar una política de tolerancia cero frente al racismo
Establecer protocolos claros para actuar ante cualquier caso de discriminación. - Ofrecer formación en antirracismo
Formar a toda la plantilla, incluyendo dirección, para prevenir conductas discriminatorias. - Supervisar y evaluar los avances
Recoger y analizar datos de forma continua para medir el progreso y detectar problemas. - Revisar los procesos de selección
Aplicar medidas como currículums anónimos o procesos más inclusivos para evitar sesgos. - Invertir en desarrollo profesional
Garantizar oportunidades reales de formación, promoción y crecimiento para todas las personas. - Crear espacios de representación para personas racializadas
Fomentar grupos o redes internas donde puedan compartir experiencias y necesidades. - Pasar de los gestos simbólicos a acciones reales
Ir más allá de campañas puntuales y trabajar el antirracismo de forma continua. - Fortalecer la organización y la participación laboral
Impulsar entornos donde todas las personas puedan expresarse, participar y ser escuchadas.
Erradicar la discriminación racial en el entorno laboral no es una acción que deba llevarse a cabo simbólicamente en un día señalado como el 21 de marzo, sino un proceso continuo que exige revisar cómo se toman las decisiones, cómo se diseñan los procesos y qué cultura se promueve en la organización.
Las empresas que avanzan en este ámbito no solo reducen desigualdades, sino que construyen entornos más justos, innovadores y sostenibles. El primer paso es reconocer que el problema puede existir; el siguiente, asumir la responsabilidad de transformarlo con medidas concretas y evaluables en el tiempo.





